sábado, marzo 15, 2008

Ripio.

Las tinieblas envuelven la noche;
Sombras a tus espaldas con intenciones poco afables;
Una herida en tu pecho;
A esta hora, descansar se hace inevitable.

Luna llena en la oscuridad;
Secretos que te 0rdenan que hables;
Un aullido de lobo;
A esta hora, dormir se hace inevitable.

Miedo al caminar;
confusión y paranoia que te hacen inidentificable;
Un disparo a tu alrededor;
A esta hora morir es inevitable.

miércoles, febrero 20, 2008

La felicidad.

Aristóteles, en su obra ética a Nicómaco, afirma que la felicidad es el fin último de todo hombre. Acertó el filósofo griego incluyendo en su obra tal enrevesado término, y digo que acertó porque la felicidad es algo que todo ser humano tiene ansias por encontrar y que, sin embargo, carece de definición operativa.
Psicólogos, filósofos, pedagogos, políticos, religiosos y demás interesados en el tema, han intentado encontrar la definición que más se ajuste a lo que se entiende por felicidad, sin embargo lo que es felicidad para un político no tiene razón de ser lo mismo para un religioso ( y menos aún para un psicólogo). Quizás el problema de la operatividad del término que nos ocupa provenga de la dificultad para realizar estudios rigurosos acerca del mismo(Gilbert, 2006). A esto se le puede añadir, la escasa atención que le ha prestado la moderna psicología cognitiva a este tema. Con respecto a esto último, también sería lícito preguntarse si estamos hablando de un constructo psicológico, o por el contrario, de un concepto común del lenguaje tradicional.
A pesar de lo anterior, son muchas las definiciones que tratan de definir la felicidad. Según Argyle (1992), la felicidad es una sensación de profunda satisfacción con uno mismo y con las propias circunstancias. Esta, y otras definiciones encontradas (Heylighen, 1992) enfatizan también el componente cognitivo de la satisfacción como requisito fundamental de la felicidad. Otros autores, además, añaden un componente conductual de búsqueda activa de la felicidad (Csiszentmihalyi, 1996). Sin embargo, y como es esperable, no todos los investigadores lo tienen tan claro. De hecho algunos autores (Damasio, 2005; Gilbert, 2006) se pronuncian sobre no sólo la imposibilidad de definir la felicidad, sino, además sobre su escasa validez teorética, debido, según estos autores, el estado completamente subjetivo y personal con el que se corresponde.
Cabe preguntarse que, si en caso de que la felicidad existiera como constructo psicólogico operativizado (algo que desde mi parecer, está por ver), ¿Cómo medirla? Los psicólogos encargados en este tema también han encontrado problemas en este sentido. En el ámbito psicológico, se pueden contabilizar crímenes, palabras recordadas o evaluar la inteligencia. ¿Pero cómo evaluar la felicidad? (Myers y Diener, 1995). Generalmente, la felicidad se evalúa mediante autoinformes, en los cuales se les presenta una serie de aspectos relacionados con la vida general (familia, trabajo, relaciones, etc.). La tarea del cuestionado es valorar en qué mediad dichos aspectos inciden en su felicidad.
Si es difícil tarea definir y evaluar la felicidad, no menos ardua es la tarea de conocer cuáles son las condiciones más facilitadoras de la felicidad. Una buena parte de las investigaciones dedicadas a aportar claridad en este aspecto, se han centrado en las variables ambientales que la facilitan(Argyle, 1992; Andrews y Withey, 1976; Palisi, 1987). Concretamente, Argyle (1992) encontró un efecto, aunque pequeño, de las variables demográficas sobre la felicidad. Otros autores (Van de Vliert, 2006) obtienen resultados inconclusos. No parece, pues, estar muy claro cómo afectan el clima y otras variables demográficas a la felicidad.
A pesar de lo anterior, no todo parece estar tan poco claro: hay variables que sí muestran tener un peso significativo sobre la felicidad. Una de estas variables es el trabajo. Heylighen (1992) encontró que la felicidad correlaciona con la satisfacción laboral, siendo ésta mayor y más común en profesionales y directivos. Larson (1989) encontró un interesante resultado: las personas con alta felicidad son mucho más eficaces y productivas en su trabajo. Csikszentmihalyi (1990), por su parte, ha concluido que las buenas condiciones laborales, así como el apoyo y respeto por parte de los directivos, son indicativos de felicidad laboral.
Otro aspecto que se ha visto correlacionado con la felicidad tiene que ver con las relaciones sociales. Estas aquí deben de ser entendida en sentido amplio, ya que nos podemos referir a relaciones más personales (familia y pareja), como a las relaciones de amistad. Seligman (1991) proporciona un interesantísimo apunte sobre esto: La alta tasa de depresión de estos últimos años se explicaría parcialmente, según este autor, por relaciones sociales empobrecidas por el individualismo de nuestras sociedades occidentales.
Numerosas investigaciones se han dedicado a dilucidar cómo afecta el tamaño de la red social a la felicidad. Liwak (1985) encontró una correlación positiva entre el tamaño de la red social y la felicidad. Dicho de otra manera, estar implicados en numerosas relaciones sociales tiene un efecto positivo en la felicidad. Otros estudios han encontrado una mayor importancia de las relaciones sociales en la felicidad en adultos jóvenes, así como una fuerte relación entre vínculos amistosos potentes y felicidad (Diener, 1994).
Otro tipo de investigaciones se han centrado en el papel que juega tanto las relaciones personales, como la familia en la felicidad (Myers y Diener, 1995; Mastekaasa, 1992). Según el centro nacional de investigaciones públicas estadounidense, tres casados sobre cuatro, consideran a su cónyuge su mejor amigo, y cuatro sobre cinco, volverían a casarse con la misma persona. Durante los años 80, un estudio reveló que los adultos varones casados se consideraban “felices” o “muy felices”.
Según Veenhoven (1993), tanto las relaciones sociales como las personales explicarían más del 10% de la variación en felicidad, porcentaje este que a mi parecer no es poco.

jueves, septiembre 27, 2007

La memoria


Conocer qué es la memoria ha sido una ardua tarea para psicólogos y filósofos. Las definiciones han ido tornando a la par que la psicología ha ido cambiando de paradigma. Haciendo un poco de historia, podemos decir que la memoria ha sido un proceso a veces fundamental dentro de nuestra disciplina, y otras veces totalmente reducida a procesos de aprendizaje, como ocurrió en la era conductista.
Williams James hace ya casi dos siglos, aventuró dos tipos de memoria humana que, bien con algunas modificaciones, son sostenidas en la actualidad. Para este autor la memoria primaria es un sistema de información mediato y de fácil acceso a la consciencia. Distinguía también la memoria secundaria, que es otro sistema de información de difícil acceso, ya que hay que hacer cierto esfuerzo para traer dicha información a la consciencia.
Pero si a alguien se le debe dar las gracias por introducir la metodología experimental en el estudio del proceso cognitivo que nos atañe es a Hermann Ebbinghaus. Los intereses de este autor estaban encaminados al conocimiento de los mecanismos que utilizamos para adquirir y mantener información. Se puede decir que fue Ebbinghaus uno de los propulsores de la psicología cognitiva, hasta tal punto que suele decirse que la psicología cognitiva nació junto a la psicología de la memoria.
La actual psicología cognitiva refiere el estudio de la memoria como la adquisición, almacenamiento y recuperación de la información. Sin embargo, hablar de memoria en sentido estricto supone los dos últimos procesos. Dos autores de fundamental importancia dentro de este paradigma fueron Atkinson y Shiffrin (1968). Estos autores propusieron el modelo modal de memoria. El modelo es como sigue:

Como se puede observar en la figura anterior, la información discurre por tres almacenes distintos:
1. Almacén sensorial: la información entraría a través del primer almacén. Este almacén registra información procedente de los sentidos, por lo tanto, la información que captará este primer almacén será una información visual, auditiva, táctil, etc. Si esta información es redundante para el sujeto, éste no le prestará atención y dicha información decaerá. Sin embargo, si el sujeto le presta la suficiente atención pasará al almacén de memoria a corto plazo.
2. Memoria a corto plazo: este segundo almacén ha sido muy estudiado e incluso hay autores, como el caso de Alan Baddeley, que han dedicado prácticamente toda su vida al estudio de este almacén sensorial. Existen evidencias neuropsicológicas de la existencia de este almacén. Se ha podido observar que estructuras neurológicas concretas lesionadas afectan sólo a la información adquirida en un pasado inmediato. Aunque hay mucha discusión actual, se suele aceptar que la duración de la memoria a corto plazo viene a ser de aproximadamente 18 segundos. Otra cuestión es la cavidad de este sistema. Miller concluyó en sus estudios que este sistema es capaz de retener entre cinco y nueve unidades de información. Pensemos por ejemplo en la facilidad con la que podemos retener durante un breve periodo temporal un número de teléfono y que, a no ser que repasemos la información, ésta decaerá. Cabría también hablar aquí de la Working memory, pero creo que este sistema bien merecería una entrada aparte.
3. Memoria a largo plazo: si la información anterior es atendida y retenida, pasará a este tercer almacén, donde según algunos autores permanecerá para siempre. Dentro de este tipo de memoria, encontramos dos subtipos. Por un lado la memoria declarativa, la cual contiene conocimiento que se puede verbalizar, es decir conocimiento sobre los hechos que nos rodea. El otro tipo corresponde con la memoria procedimental. Como su propio nombre indica es una memoria de procedimientos, de este tipo de memoria depende por ejemplo que ahora mismo pueda montar en bicicleta, ya que la manera en que se monta en bicicleta quedó grabada en mi memoria procedimental.
Este tema podría extenderlo cuanto quisiera, sólo hay que observar la gran cantidad de literatura existente en torno al mismo. Como podrás observar, querido lector, la memoria es una capacidad cognitiva sumamente compleja imprescindible para nuestra supervivencia. Imagínate que haríamos tu o yo si careciésemos de ella. Sé que no he hablado de procesos mnemotécnicos como son el olvido, la genralización o la interferencia, quizás lo haga en otro momento.

A. J.

miércoles, abril 11, 2007

El pequeño Albert.



El famoso artículo conditioned emotional reactions (John B. Watson y Rosalie Rayner, 1920) presenta una demostración empírica de lo que llamamos condicionamiento clásico. El experimento fue realizado en la universidad de Johns Hopskins, y es considerado una de las grandes joyas de la literatura psicológica.

Watson y Rayner presentaban al pequeño Albert una rata blanca. Inicialmente este estímulo no provocaba respuesta alguna de ansiedad, sino que, por el contrario, el niño se aproximaba al animal con el fin de acariciarlo. De modo que, en el momento que Albert acariciaba el animal, los investigadores producían un fuerte sonido de campana que dejaba atónito al niño. Al principio, tras el sonido sólo se producía la retirada de la mano y un débil lloriqueo. Fue al cabo de varias presentaciones rata-sonido cuando el bebé comenzó a llorar de manera más evidente. Al pequeño se le presentaban también piezas de juguete con las que podía entretenerse, entre ensayo y ensayo.

Posteriormente, y una vez que la mera presencia de la rata provocaba el llanto, se quiso observar el grado de generalización que se había adquirido. Para ello se presentaron varios estímulos de forma serial, intercalando en algunos casos la rata sola y la rata junto con el sonido en otros. Estos estímulos eran un conejo, un perro, una máscara de papa Noel y un jersey de lana. Se observó que todos acabaron desencadenando la respuesta de lloro por sí mismos.

Lo que estos investigadores llegaron a demostrar es cómo un estímulo inicialmente neutro para Albert, tras ser emparejado con un estímulo incondicionado como es el sonido que por sí mismo produce la respuesta de sobresalto y llanto, llega a producir por sí sólo esta última respuesta. Siendo ésta una respuesta condicionada, ya que es aprendida. Los autores nos muestran que el condicionamiento clásico es algo mas que unos cuantos perros babeando ante un sonido o una luz. Sin embargo, la auténtica relevancia del estudio de Watson y Rayner consiste en la demostración de que nuestras fobias y filias pueden estar, y de hecho están, determinadas por nuestro aprendizaje previo.

A. J.

jueves, enero 25, 2007

La psicología no es una ciencia sanitaria.

En sus círculos de amigos, los psicólogos son objeto de comentarios del tipo "pues con lo de locos que hay te vas a forrar", " yo creo que Fulano necesita de tu ayuda, darle alguna charlilla de las tuyas, anda".
Esta falta de desconocimiento generalizada de las personas hacia la disciplina psicólogica se fundamenta, en algunos casos, en la publicidad de la tradición psicoanalítica que, como bien se sabe, rige su base teórica en la terapia del diván.
Sin embargo, la psicología no es una disciplina sanitaria. La psicología es la ciencia de la conducta, es decir, la ciencia que se preocupa del estudio de las variables que provocan nuestro comportamiento. El psicólogo se preocupa de las condiciones bajo las que se da una determinada conducta; por definir términos como aprendizaje, adapatación, ambiente, etc. E incluso, la moderna psicología trata de explicar fenómenos tan complejos como el procesamiento de la información, el aprendizaje de relaciones causales o los procesos de memoria humana. El psicólogo hace uso del método científico para poder sacar sus conclusiones acerca de la conducta y de la psique humana. Los estudios psicológicos tienen una rigurosidad envidiable, ya que hacen un enorme esfuerzo por poder controlar todas las variables influyentes y poder realizar las conclusiones oportunas a razón de los datos.
Pero que la psicología no sea una ciencia sanitaria para nada significa que no se pueda hacer uso de sus técnicas como medio sanitario. Esto queda claro, por ejemplo, cuando aplicamos los conocimientos de los principios de aprendizaje a la modificación de conductas inadaptadas socialmente.
La psicología ofrece un amplio arsenal para el uso sanitario. A pesar de esto, no debemos de olvidar que el fin de la psicología es la explicación de la conducta, y para nada se puede equiparar esto al uso eminentemente sanitario que algunos le qusieran dar.
Como digo muy a menudo, la psicología debería de seguir el camino de la biología. Quiero decir con esto, que para el bueno desarrollo de la disciplina psicológica, sería necesario la diferenciación de ésta con la psicoterapia, que si bien se basan en principios comunes, para nada comparten sus objetivos.

jueves, enero 11, 2007

Psicopatología: técnica y ciencia.

El término psicopatología, como cualquier otro término perteneciente a una disciplina científica, posee más definiciones que funciones, y esto anterior a muy pesar de los psicólogos.
Etimológicamente, podemos desmenuzar el término en tres. Por un lado tenemos el concepto “psico” proveniente del griego, concretamente del concepto psyche, que hace referencia a razón o alma. “Pato” hace referencia a enfermedad y “logia” o “logos” significan ciencia. Así de forma muy general, podemos definir a la psicopatología como la ciencia que estudia las enfermedades del alma. Sin embargo, esta definición no deja de ser un mero agregado de sílabas que sólo roza suavemente la verdadera realidad concerniente a la patología mental. La anterior idea cobra mayor trascendencia si añadimos que dependiendo de la escuela psicológica (algunas además de ser pseudocientífcas son verdaderamente retorcidas por su contenido) se aceptarán unas definiciones u otras. En las siguientes líneas trataré de explicar qué entendemos por psicopatología y cual debería de ser su objeto de estudio.
Anteriormente he comentado que, de manera muy general, la psicopatología se corresponde con el estudio de las enfermedades del alma, correspondiéndose ésta con la mente. Esta definición, sin embargo, es tan general como incompleta, por lo que considero oportuno definir el término atendiendo a dos criterios: Psicopatología como sustantivo y psicopatología como adjetivo.
A la psicopatología como sustantivo la podemos definir como un amplio campo de conocimiento, en concreto, aquel campo de conocimiento que se dedica al estudio de los cambios en el comportamiento que no son debidos ni por el desarrollo del individuo ni por procesos de aprendizaje, aunque consideramos esto último como algo cuanto menos discutible. En resumen, sería el campo de estudio concerniente a la patología mental o al comportamiento anormal (cabría aquí explicar qué se entiende por normalidad y anormalidad, sin embargo, no es el objeto de estas líneas).
Por otro lado, la psicopatología como adjetivo corresponde con aquella manifestación o síntoma característico de algún trastorno mental. En este sentido ponemos el acento en lo que caracterizamos como anómalo. Aquí cobra vital importancia los sistemas de clasificación diagnóstica como el DSM o el CIE.
Una vez llegados a este punto, habría que tomar en cuenta algunas consideraciones con respecto al término que venimos estudiando. Existen cambios (y nos pocos precisamente) debidos a procesos de aprendizaje que según la “psicopatología como sustantivo” no deberían de ser psicopatológicos cuando son cuanto menos inadaptados. Conocido y evidenciado de sobra es, por ejemplo, el papel fundamental del condicionamiento clásico e instrumental en la adquisición y mantenimiento de fobias. Otra consideración a tener en cuenta es el elevado número de definiciones existentes para referirse a un solo trastorno, cuando en la mayoría de los casos las diferencias entre algunos términos y otro no adquiere ninguna relevancia teórica ni práctica.
Se puede afirmar que el objetivo de la psicopatología va de la mano va de la mano del tipo de enfoque psicopatológico. Así, desde nuestro punto de vista, consideramos oportuno clasificar la psicopatología en dos enfoques. Estos enfoques deben de ser diferenciados de los dos criterios dados anteriormente, puesto que en cada enfoque podemos encontrar características de ambos criterios.
Un primer enfoque se centra en una psicopatología orientada a la intervención. Esta orientación se ocuparía de la clasificación de los trastornos mentales de cara a la intervención psicológica. Para este enfoque, de nada sirve diferenciar, por ejemplo, entre distintos tipos de fobias, a no ser que dada uno tenga un tratamiento distinto. el objetivo de este enfoque, por lo tanto, es meramente terapéutico.
Un segundo enfoque se centraría en una psicopatología comunicativa, es decir, esta orientación serviría para determinar cualquier tipo de diferencias entre diferentes trastornos. Este enfoque daría argumentos para diferenciar, por ejemplo, entre distintos tipos de trastornos de ánimo, aunque el tratamiento sea distinto. Por lo tanto, este enfoque tiene un objetivo meramente comunicativo entre profesionales.
Hay que tener en cuenta que los dos tipos de enfoques de la psicopatología presentados anteriormente no tienen porqué ser excluyentes. Sin embargo la dirección debe de ir desde el enfoque de intervención hacia el comunicativo, ya que una comunicación bidireccional sólo ensuciaría la verdadera función del primero.
Cabe también comentar la importancia de ambos enfoques para el desarrollo de la disciplina. Sin embargo, desde nuestra posición queremos darle una mayor relevancia al carácter interventivo. Esto es así porque este enfoque es el que verdaderamente nos permite la aplicación de los conocimientos teóricos de la psicología. Este enfoque, junto a otros tales como la modificación de conducta, es lo que forma lo que denominamos la técnica psicológica o psicoterapia, diferenciada por supuesto de una disciplina psicológica básica cuyo objetivo es el estudio teórico de la conducta y de sus procesos subyacentes.
A pesar de lo anterior tampoco se puede menospreciar el papel que una psicopatología comunicativa tiene a la hora de diferenciar diferentes síntomas en patologías semejantes.

domingo, diciembre 31, 2006

Vergüenza, asco y esperanza.

Vergonzoso. Sólo puedo decir eso: vergonzoso. Vergonzoso es que un puñado de tierra valga más que la vida humana. Vergonzoso es que un sentimiento de nacionalidad sea más fuerte que la democracia. Vergonzoso es que algunos estuvieran esperando esto. Vergonzoso es querer llegar al poder por la fuerza.
Asco. Sólo puedo sentir eso: asco. Asco por las bombas. Asco por los terroristas. Asco por los que políticamente los apoyan. Asco por los que anteponen la política a lo humano. Asco por los dictadores. Asco por los que usan las armas con fines políticos. Asco por los que justifican un atentado.
Esperanza. Tengo eso: esperanza. Esperanza de que todo esto acabe. Esperanza en la justicia. Esperanza en el diálogo. Esperanza de un mundo sin armas. Esperanza en la paz.

sábado, diciembre 23, 2006

Delirios en navidad

Es en esta fecha cuando el difuso límite de la “normalidad” converge con el no menos difuso límite de la patología mental. Nuestro comportamiento se torna tan obsesivo, tan ansioso, tan depresivo, que bien se podría pensar que nuestros queridos psicoterapeutas han convertido sus consultas en unos grandes almacenes.
Si bien, el tema de la normalidad y de la anormalidad no es cosa de fechas, sino como bien dice la palabra, de normas. La compra compulsiva y el amor hipócrita, característicos ambos de esta fecha, pasa a ser, para pena mía, la norma, dejando a un lado a los que no comulgan con estos ideales. Durante estos días el loco deja de tener delirios para convertirse en un ser apático, en un engendro cuyo comportamiento no es distinto al de otras fechas: mientras la persona normal compra, ama a los que antes no amaba, y vuelve a comprar, el loco se limita a comprar lo necesario y a querer sin mentiras.
A. J.

sábado, noviembre 11, 2006

El problema de la psicología y de sus aplicaciones.

Es inviable negar la cientificidad de la psicología, así como sus grandes esfuerzos para lograr explicaciones de la conducta de gran importancia. Hoy en día, los psicólogos son capaces de explicar cómo y porqué nos desenvolvemos en el medio ambiente. Estos científicos de la conducta han dado pasos de gigantes en la descripción, explicación y control de la conducta humana.
Sin embargo, el avance en el estudio del comportamiento no ha ido acorde con una buena aplicación de dichos conocimientos. Lógicamente, la mayor parte de la culpa de esto anterior se debe tanto a los planes de estudio de la licenciatura, como a su propia estructuración. A todo esto le podemos unir el desconocimiento general que hay sobre el objeto de estudio de esta disciplina, y es que son muchos los que relacionan la psicología con la patología mental.
Entremezclando un poco lo anterior, me atrevo a afirmar que los planes de estudios de los futuros psicólogos confunden la técnica con la ciencia, y esto se demuestra, por ejemplo, en la psicología clínica. Esta rama en sí misma, y por mucho que nos hablen de diseños de caso único, no es una disciplina científica, sino un conjunto de técnicas procedentes de la ciencia psicológica. La misión del psicólogo clínico, que prefiero llamar psicoterapeuta, sería el uso de un conjunto de técnicas que permiten modificar la conducta.
Es una pena que los actuales planes de estudio no fomenten la distinción entre la ciencia psicológica y las subdisciplinas procedentes de la misma (psicoterapia, orientación educativa, intervención deportiva, etc.), y que se conformen con la docencia de un popurrí que llaman psicología.
El ejemplo del camino que debe de seguir la psicología nos lo muestra la biología y la medicina. La medicina, como subdisciplina (y técnica) de la biología, se disgregó de esta última, y no precisamente para un detrimento de ambas, sino para una especialización y complementación que permite que sus profesionales estén más preparados y más capacitados en su desempeño.
Por todo esto, es necesario, que la formación en psicología sea una formación eminentemente básica y con una orientación investigadora. Por otro lado, la formación en sus aplicaciones se basará en eso mismo: las aplicaciones. Ello, y sólo ello, es decir, la disgregación de la psicología y de sus técnicas afines, permitirá el verdadero avance en el conocimiento de la conducta.
A.J

martes, octubre 10, 2006

El sentido de las cosas

¿Qué sentido tiene romper la democracia mediante un golpe de estado?
¿Qué sentido tiene enfrentarte a tu hermano en una guerra?
¿Qué sentido tiene que el autoproclamado "salvador de España" sea en realidad un tirano?
¿Qué sentido tiene que sea él mismo el responsable de más de 500.000 muertes?
¿Qué sentido tiene que no dejara el gobierno hasta el día de su muerte?
¿Qué sentido tiene volver a la monarquía?
¿Qué sentido tiene una constitución forzada?
¿Qué sentido tiene un intento de golpe de estado?
¿Qué sentido tiene que un ministro de "el salvador" se disfrace ahora de demócrata?
¿Qué sentido tiene el terrorismo de estado?
¿Qué sentido tiene un gobierno mangante?
¿Qué sentido tiene cuatro millones de parados?
¿Qué sentido tiene privatizar lo público?
¿Qué sentido tiene indultar a los terroristas del estado?
¿Qué sentido tiene el aumento del precio de la vivienda?
¿Qué sentido tiene el chapapote?
¿Qué sentido tiene una guerra?
¿Qué sentido tiene el 11M?
¿Qué sentido tiene el director de un periódico?
¿Qué sentido tiene negar lo que apunta su autoría?
¿Qué sentido tiene el nacionalismo periférico?
¿Qué sentido tiene el nacionalismo global?
¿Qué sentido tiene el nacionalismo en general?
¿Qué sentido tiene que unas comunidades autónomas cobren más protagonismo que otra?
¿Qué sentido tiene la iglesia en un estado aconfesional?
¿Qué sentido tiene la izquierda?
¿Qué sentido tiene la derecha?
¿Qué sentido tiene la política?
A.J


sábado, septiembre 23, 2006

Conspiraciones y conspiranoicos.


El tema de las conspiraciones ha estado presente en el ser humano desde el inicio de la sociedad. El morbo que desprende este asunto ha hecho caer al hombre en un círculo vicioso de credulidad, tan intenso como cualquier otro tipo de adicción.
El conspiranoico cree que el papa Juan Pablo II fue envenenado; que tanto Elvis como Marilyn Monroe están vivos, disfrutando de sus fortunas en cualquier isla lejana; que Bush es un enviado de seres extraterrestres; e incluso que illuminatis y masones están conjurando un nuevo orden mundial en el que sus hombres, por supuesto grandes empresarios, banqueros y gente importante, gobernarán este mundo.
En dosis moderadas y tomando el tema como algo anecdótico, la literatura conspiranoica nos puedes aportar, cuanto menos, buenos momentos de humor, e incluso cierta actitud de sospecha sana.
Pero el auténtico problema del conspiranoico no está en creer en envenenamientos intencionados, en extraterrestres o en un nuevo orden mundial. El verdadero problema del conspiranoico, su patología, consiste en creer a un asesino que se enfrenta a una condena de 3000 años de prisión que dice además que mientras le paguen cuenta lo que sea; que la policía, para más inri bajo el gobierno de los que alimentan esta conspiración, manipula pruebas; y que estar en posesión de ácido bórico es una prueba concluyente de asesinato. Pero lo que es más grave es no tomarse todo lo anterior como un “tal vez pudo ser…”, sino como un “ojala sea así”.
Es una lastima que algunos medios de comunicación de gran tirada nacional inciten a creer estas barbaridades.
A.J

jueves, septiembre 14, 2006

El porqué de una ingeniería de la conducta

Es algo obvio lo mucho que ha avanzado la tecnología desde el inicio de la vida inteligente, y más obvio aún ha sido este crecimiento a lo largo del siglo XX. Los ingenieros y arquitectos han conseguido diseñar hogares que incrementan nuestra comodidad y nuestra calidad de vida. Los físicos descubren nuevas leyes de la matería y nuevas formas de cuantificación. Los genetistas y biólogos prácticamente han traducido el código genético. Los agricultores emplean nuevas técnicas de cultivos que no sólo permiten una mayor cantidad de producto, sino también una mayor calidad del mismo. Los médicos descubren nuevas sustancias que permiten sanar enfermedades que hasta hace bien poco eran incurables, e incluso nuestra esperanza de vida es ahora mayor que la de pasadas generaciones.
A pesar de este visible crecimiento de saberes, éste no ha sido paralelo al de las ciencias de la conducta en general y al de la psicología en particular, y por esta razón los anteriores avances no son tan notables como quisiéramos: a pesar del aumento de las comodidades, muchas personas no tienen ni tan siquiera acceso a una vivienda digna; en muchos casos el fin último de la física es la creación de nuevas armas de destrucción más potentes; A pesar de haber mayor cantidad y calidad de alimentos, el hambre afecta a más de 800 millones de personas; Aunque se han descubierto nuevos medicamentos y nuevas técnicas para alargar la vida, en gran parte del planeta la esperanza de vida no supera los 40 años, y miles de personas mueren diariamente por enfermedades hoy perfectamente curables.
Desde el inicio de la humanidad, políticos, educadores, religiosos y demás interesados en el tema han intentado paliar los síntomas, consiguiendo en la mayoría de las ocasiones el agravamiento del problema.
Una ingeniería de la conducta sí nos permitiría, cuanto menos, mejorar la situación. Una ciencia rigurosa del comportamiento, una psicología seria que nos permitan crear hombres y mujeres más capaces, más conscienciados y, sobre todo, avezados a su vez para crear generaciones de similares, cuando no superiores, características. Esta psicología permitiría, gracias al aprendizaje, que físicos, políticos, médicos, etc. realizasen sus tareas de tal manera que mejoren no la calidad de vida individual, sino la calidad de vida de la comunidad.
Sin embargo, también cabe hablar aquí, y es algo en lo que el avispado lector habrá caido en cuenta, de las nefastas consecuencias que tendría la ingeniería de la conducta en manos malvadas. Los problemas que hay actualmente en el mundo serían incomparables con los que podría originar el mal uso de la ingeniería de la conducta.
A.J.

sábado, septiembre 09, 2006

Psicoanálisis: teoría y dogmatismo.

No puedo resistir (ni tampoco reprimir) el deseo de hablar de psicoanálisis. Tal vez esto se deba a que hoy no estoy muy fino de humor y quiera pagarlo con los pobres seguidores de Freud. Sea lo que sea, prefiero dejar las interpretaciones para los psicoanalistas, ya que son ellos los especialistas en ver cosas donde no las hay, o por lo menos donde yo no las veo.
Tampoco quiero ser duro con ellos y achacar a la clara acientificidad de esta doctrina. Ha habido muchos autores como Skinner (1956) y Popper (1964), aunque no son ni los únicos ni los mejores ejemplos, que cayeron en este error, criticando al psicoanálisis desde el método científico. Por otro lado, por aquella época era fácil caer en esta trampa epistémica, ya que los propios psicoanalistas tildaban a su doctrina de ciencia. Esto hoy en día no tiene discusión, y es que se puede epistémicamente seguir cualquier criterio de ciencia (positivista, neopositivista, etc), y en ninguno de ellos cabe el psicoanálisis. Son graciosas las críticas que a esto hacían algunos psicoanalistas, dando a entender que el problema no era de ellos sino de los filósofos de la ciencia.
Tratando de no caer en el mismo error que los anteriores autores, me gustaría centrar mi crítica en dos aspectos: la construcción de la teoría psicoanalítica y el dogmatismo freudiano.
Con respecto al primer punto, me gustaría trasladarme en el tiempo a la vida de Freud como terapeuta. El padre de esta doctrina trataba en su consulta a mujeres con una sintomatología para la cual no había causa física. Estas mujeres eran conocidas como histéricas. A partir de aquí Freud comenzó a elaborar su teoría psicoanálitica, y el problema no es que lo hiciera con histérica, sino que tratara de hacer una teoría de.... ¿la psique?, ¿la conducta? desde un método exclusivamente clínico. Ahora mismo me estaría ahorrando estas lineas ( y el lector tiempo) si Freud hubiese hecho esto al revés, es decir, a partir de datos de la vida ordinaria generalizar, en la medida de lo posible, a la clínica. Tal vez así su teoría hubiese tenido más credibilidad.
De todas formas, y a pesar de que considero lo anterior un gran error, creo que el segundo punto, que como dije anteriormente tiene que ver con el dogmatismo freudiano, hace cojear al psicoanálisis más que el primero. En efecto, el propio Freud dijo que pretendía hacer del psicoanálisis "un dogma, una fortaleza infranqueable". Es decir, Freud pretendía hacer de su teoría una religión, un fundamentalismo freudiano. Esto es un peligro, y no para la ciencia precisamente, sino para el desarrollo del psicoanálisis. En este punto, me parece oportuno citar a Chesterton, que sobre el dogmatismo de Freud llegó a escribir: "Los ignorantes pronuncian Freud. Los informados pronuncian Froid. Yo, sin embargo, pronuncio Fraude".

viernes, septiembre 08, 2006

Bienvenidos.

Todo el mundo tiene un cajón donde guarda esos infructuosos objetos, pero de los cuales, y por alguna extraña razón, nadie se desprende. Permíteme que a ti, mi querido visitante, te muestre mi cajón.
Quizás no encuentres lo que buscas, y es que es lo que tiene el desorden. Tal vez no encuentres nada útil, y es que es lo que pasa en un sitio donde sueles guardar las cosas a puñados. Llegando incluso más lejos, podría ser que desprecies este desordenado lugar, con lo bueno que tan sólo tendrás que cerrarlo y olvidarlo para siempre. Sea lo que sea y encuentres lo que encuentres date por bienvenido a esta localidad del caos.
A. J